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Relato 11: Palmira Plá, mas que una maestra republicana.

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  Hace tiempo participé en un curso donde se estudiaban diversos personajes femeninos que han destacado en su lucha por la IGUALDAD. El curso se titulaba Mujeres Coraje. Como trabajo final de curso yo debía buscar una mujer y hacer una exposición sobre ella, que justificase que podía ser considerada como mujer coraje. Tras varios días de investigación, descubrí a Palmira Pla.  La escogí por ser alguien cercano y poco visibilizada a pesar de la magnifica tarea que desarrolló durante toda su larga vida: darle al Pueblo la herramienta de la formación, con la cual crecer como personas independientes y críticas, capaces de exigir a los gobernantes una Democracia real y no una mera pantomima. Este propósito fue su vida entera. E incluso después de su muerte.  Aquí va este pequeño relato breve, sobre una gran mujer.    “No nos conocemos, pero me has invitado a que te hable de mi y voy a hacerlo…  Me llamo Palmira Plá Pechovie...

RELATO 10: El perro de Nadie

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"Intercambiamos la mirada" Era una tarde de finales de verano, lloviznaba. Crucé el parque y me lancé a la calle adyacente, casi corriendo porque el semáforo estaba en rojo y había bastante tráfico. Fue al llegar a la acera contraria cuando sentí un leve roce en mi pierna que me hizo bajar la vista. Allí se encontraba él, cruzando al mismo tiempo, pegado a mi pierna. El me miró. Yo le miré, deteniendo los pasos, preocupada porque ambos nos adentrábamos en zona peligrosa y su vida corría peligro. Su vida y no la mía, porque él no era un ser humano como yo, si no simplemente un perro vagabundo. Afortunadamente su instinto de supervivencia le puso en alerta, dio media vuelta y se internó de nuevo en el parque. Por unos segundos me pregunté qué sería de él, pero solo fue una brevedad porque las prisas, los horarios, el siguiente semáforo ya en verde… en definitiva, el raciocinio, hicieron que reanudase mis pasos descartando el sentimentalismo. Él reapareció unos día...

Relato 9: Desde la Bruna.

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... hundirse y nadar, con anchura y libertad. Adelita corre por el patio, alcanzando el lavadero. Lleva su tortuga en la mano y la suelta en el agua. Observa sus maniobras por unos minutos, deseando ser la tortuga para flotar, hundirse y nadar, con anchura y libertad. Luego, con ella en la mano, corre a lo largo del patio de nuevo, riendo, hasta alcanzar la gran higuera, debajo de ella se echa en el suelo. Allí ya tiene la tinaja vieja de latón preparada con agua. No suelta la tortuga  para hurgar entre las hierbas, hasta encontrar dos caracoles, de los pequeños y blancos. Los aplasta con otra piedra, dejándolos caer en la tinaja junto con la tortuga, que apenas si cabe porque es una gran y vieja tortuga, de las llamadas mediterráneas. A ella parece no parece preocuparle no poder nadar, porque va a lo suyo: directamente a los caracoles, que indefensos, sin el refugio de sus conchas, no tienen otra alternativa que dejarse devorar. Adelita no ve ningún mal en ello, es...

RELATO Nº 3 : El Viaje.

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“El viaje mas arriesgado que se puede hacer en esta vida, es el viaje hacia el interior de uno mismo, de una misma". Hace años asistí a una charla sobre  escritura creativa impartida por la  escritora Cristina Cubas. Entre muchas otras cosas la escritora reflexionó sobre cierto tipo de viajes interiores, ilustrándolos con una anécdota propia.  Inspirada en aquella tertulia y anécdota, unos días atrás, escribí este relato breve. Espero que os guste.  Llamaron a la puerta. Abrí, encontrándome cara a cara con una monja. Tras unos instantes de desconcierto intuí que podría tratarse de una religiosa, de las varias que viven en un convento de clausura pegado al alto bloque de apartamentos, donde vivo.  Tras la inicial sorpresa le pregunté el motivo de aquella visita, ya que nunca antes había tenido contacto con ninguna de ellas. La respuesta fue simple: Verá, entré en el convento siendo casi una niña y nunca he vuelto a salir de...

RELATO Nº 2 : "El Alfiler"

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   Teresa vació el escaso y pobre contenido del joyero en el interior de su bolso, y el joyero en cuestión fue lanzado a la bolsa de basura. Al fin y al cabo era un simple estuche de tela, viejo y roñoso. Yo, sin ganas de protestar, le dejé hacer. Teresa,  tras echar a la bolsa de basura varios pares de zapatos, salió hacia el comedor. Fue en ese instante en el que en un tris-tras, revolví en la basura hasta dar con el joyero y esconderlo apresuradamente en mi bolso. Tal y como si acabase de cometer un autentico robo. No era esa la razón por la que obré tan sigilosamente, sino por la certeza de que Teresa no entendería  mi deseo de apropiarme de aquel objeto ajado. Mercedes Gimeno no hacía ni tres días que había muerto y nosotras ya estábamos borrando su huella en la humilde casa. Tras una hora más de limpieza de armarios, dimos por terminado el asunto. Antes de irnos nos acercamos a Inocencio, que como solía ser, fumaba su pipa en el patio. Alzando la voz ...