otros BLOGS de interés.


Mis creaciones de cerámica en...

martes, 8 de mayo de 2012

RELATO Nº 1: "Una Nota en un Bolsillo".Basado en un hecho real.

   "La maquina de coser se detiene y Libertad.... "   
 " UNA NOTA EN UN BOLSILLO". (España 1937) 
La maquina de coser se detiene y Libertad tira del capote. Lo repasa fijando su mirada ávidamente en cada una de las puntadas. Si, está bien cosido. No se romperá fácilmente. Así que lo dobla dejándolo a un lado, coge otro capote del montón que tiene a sus pies, lo introduce en la maquina y empieza con el dobladillo mientras sus piernas, rápidas y jóvenes, le dan al pedal. Después de una larga jornada y un sin fin de capotes a los que se ha dedicado a hacerle el dobladillo, Libertad se pone en pie, estira los brazos, las piernas, el cuello: todo su cuerpo está dolorido por tantas horas en aquella postura delante de la maquina alemana.
Tambien el resto de compañeras dan por concluida la jornada. Se reúnen todas con aire cómplice y divertido alrededor de la mesa de la encargada, una mujer que no deja de dar ordenes a varios jovenzuelos, ocupados en colocar en una estantería rollos de la gruesa tela utilizada para confeccionar vestuario militar republicano. Estamos en plena guerra civil española.                      La mujer se llama Filo y su cabeza esta coronada por una maraña de pelo rojizo, sujeto con varias peinetas sobre su nuca. De sus labios cuelga un cigarrillo tiznado de rojo por un extremo: la Filo se pinta los morros hasta para ir a trabajar, de un rojo chillón, rojo como su corazón y su bandera. Filo seguidamente se dirige hacia el grupo de jovencitas que la esperan alrededor de la mesa, impacientes, cuchicheando entre si. De nuevo levanta la voz, esta vez socarrona, para soltarles con desparpajo:
- Anda, que hay que ver cómo os gusta... y la verdad es que es la mejor parte del dia, después de tanto darle al pedal y la aguja... jajajajaja...
Todas las mujeres se unen a su risa mientras la Filo saca la libreta donde registra diariamente el Debe y el Haber, los encargos que entran y salen, direcciones de proveedores y clientes, cuentas y demás anotaciones propias de su cargo como responsable del taller de confección. Filo va directamente a las ultimas páginas que todavía estan en blanco y arranca dos de ellas, busca las tijeras y corta varias tiras de papel que va entregando a su circulo de empleadas. Luego se gira hacia Libertad y le grita que se una al grupo, que no sea tonta, que es algo inocente y gracioso, para que los chicos del frente tengan algo divertido que contar, entre tantas desgracias que sin duda padecerán. 
Libertad se acerca, pensando en todos esos jóvenes como su hermano, como sus amigos y vecinos de toda la vida. Busca el lápiz que tiene en el bolsillo, el que gasta para anotarse en su hoja de producción todos los capotes militares que hace cada dia y todos los que le quedan aún por terminar. Observa a sus compañeras que sueltan risotadas mientras se leen de unas a otras lo escrito en los retazos de papel, la mayoria con letra torpe, de campesinas más acostumbradas al trabajo duro que al estudio... 
   "Un beso de la MariChus para el soldado más guapo y valiente".
 "Te dejare darme un revolcón si vuelves entero del batallón" - lee soltando una gran risotada Pepita. Y asi, una a una, van escribiendo, leyendo, riendo y doblando los retales de papel, para a continuación esconderlos en el interior de los bolsillos de las chaquetas militares recién terminadas. Saben que esos picaros escritos llevaran un soplo de desenfado a esos desconocidos que luchan y defienden sus mismos ideales en primera linea de fuego. Cuando terminan, todas miran a Libertad, que todavia no se ha decidido. Libertad apenas tiene 16 años y esto la azora. Pero piensa en los jovenes del frente, en que pueden flaquear en algun momento, así que se anima y escribe con letra clara, bonita,  y en cursiva: 
- " Libertad es mi nombre y Libertad es lo que todos los compañeros del frente defendéis. Libertad del pueblo llano y Justicia para él. Por eso te deseo que esta chaqueta te proteja de todo mal y sea capaz de parar todas las balas que vayan destinadas a segarte la vida. Animo. No estás solo. Somos muchos y muchas los que estamos a tu lado. Tuya siempre, Libertad". 

La joven dobla el papel, y va a guardarlo en el bolsillo de una chaqueta cuando se percata del silencio que la envuelve. Mira cómo sus compañeras se han callado, unas cavilosas, otras celosas, hasta que ese emocionado silencio es roto por Carmela, que no quiere ese tono dramático para aquel final de jornada. Así que lee en voz alta su dedicatoria: ... pues yo he escrito... "A mi me gustan los toreros, así que si sabes torear bien a los Nacionales, te prometo que me dejare clavar tu estoque cuando todo esto acabe". 
      Y de nuevo llega el griterío, las chanzas, la risa, y las miradas picaras, mientras Libertad busca un bolsillo cualquiera, en una chaqueta cualquier, para esconder su trozo de papel.
  
"El tren se detiene y un hombre baja de él.... "

--- Unos años después.--- 
El tren se detiene y un hombre baja de él.
Viste con un traje excesivamente holgado y corto de mangas y perneras. Manuel ha crecido y ha adelgazado. Ha cambiado mucho después de estos años de tragedia. Luchó en bando Republicano. Le tocó perder. Se salvó por los pelos de morir fusilado. Daba gracias a dios por soportar sólo 4 años de inhumana carcel. 
Durante toda la contienda y este tiempo de encierro, núnca se ha encontrado solo, le ha amparado el amor de su familia, el recuerdo de sus compañeros... y el retazo de papel que encontró un dia, en el bolsillo de su chaqueta militar. 
Manuel anda desorientado, mira a su alrededor, pregunta a varios pasajeros que como él, se bajan del vagón. De hecho no esta seguro de que sea esa la ciudad donde ella vive. Solo tiene los escasos datos que figuraban en la etiqueta de tela de la chaqueta militar. Así que pregunta por ese taller, pero nadie sabe decirle algo al respecto. 
       Sale de la estación, se encuentra con un parque, lo cruza llegando hasta una explanada, donde vuelve a preguntar. Alguien le dice que sí, que conoce esa antigua fabrica. Pero ha cambiado de dueños, aunque no de faena, continúa con la confección de ropa militar, pero ahora para la Guardia Civil. Así que le indica la dirección, muy a las afueras. Para allí se va Manuel. 
Al llegar se cruza con un joven cargado con varios fardos de ropa. Le pregunta por el encargado alzando la voz, porque el sonido de las maquinas de coser amortiguan sus palabras. El joven le indica un pequeño despacho a su izquierda. Tras los cristales ve un hombre inclinado sobre una mesa llena de papeles, levanta el rostro cuando Manuel golpea la ventanita, le indica que pase y le pregunta qué quiere, qué se le ha perdido por alli....si busca trabajo, no hay. Manuel le dice que lo que busca es una chica, o una mujer, no lo sabe, solo que trabaja, o trabajaba, alli, hará unos años, durante la guerra, de ella lo desconoce todo, salvo que tiene buena letra, buenos sentimientos y se llama Libertad. El hombre le mira sin entender, desconcertado, preguntándose si estará ante un demente. Piensa en todo el trabajo pendiente y cómo puede zanjar la cuestión rápidamente. 
Le corta con un: "Aqui no trabaja nadie que se llame Libertad... ¿Pero qué clase de nombre es ese? desde luego, muy cristiano no es. 
Manuel no se deja amedrentar, después de todo lo que ya ha pasado... por eso va preparado, e insiste, y pregunta y pide ayuda, más que sea el nombre de alguien que trabajase en aquellos años y sepa decirle algo mas sobre la muchacha. O la mujer. El hombre le mira impaciente y decide mentarle a una tal Filo, una roja a la raparon el pelo y pasearon por toda la ciudad cuando entraron los nacionales, una que ya no es encargada ni nà, solo una pobre mujer que vive en una casa solitaria, pasando la carretera que lleva hasta el cementerio, una casa que tiene una higuera pegada a la puerta de entrada. Manuel no insiste, desconfía de la mirada desabrida del hombre.     
             Antes de salir por la puerta se detiene. Observa cada rincón del taller, imaginandose a un grupo de chicas, de mujeres, de todas las edades, dedicadas a la costura. Entre ellas habia una que le trajo fuerzas en cada momento de flaqueza, sin ella saberlo. Aprieta fuertemente el ajado trozo de papel que guarda como un tesoro en el bolsillo. Y asi sale, decidido, preguntando esta vez por el camino que lleva al cementerio, mientras por el recorrido observa a todas las mujeres que van a su encuentro, preguntandose si se habrá cruzado con Libertad y no la habrá reconocido. Porque en realidad no sabe nada de ella, si es joven o vieja, si es guapa o fea, si es soltera, viuda,  o casada. 
"...llega a la casa. Y llama a la puerta"

   Y asi, inquieto, llega a la casa. Y llama a la puerta. Una y otra vez, respondiendole el silencio. Dudoso mira a su alrededor. Decide sentarse a la sombra del arbol, esperar... no sabe qué. Al rato llega una mujer vestida completamente de negro, con paso cansado y pelo encanecido recogido en una peineta sobre la nuca. Observa extrañada a aquel joven delgado y alto, que la mira entre reparoso y ansioso, preguntandole si es ella doña Filo, la encargada del antiguo taller de ropa militar... republicana. A la mujer se le detiene el corazón y no sabe qué decir, porque la palabra "república" esta maldita y ella ya ha sufrido bastante por ello. No encuentra qué contestar a aquellos ojos agotados y angustiados. Ni puede alzar su vozarrón para espantar aquella aparición. Por eso no contesta nada y se va directa hacia la puerta sacando la llave del bolsillo de su delantal.
  El joven insiste, le pregunta si se llama Filo. Pero ella calla, mete la llave en el cerrojo y es entonces cuando el muchacho, desesperado, le suelta: 
 - Filo, por Dios, que soy de los suyos... no me tenga usted miedo... no le quiero nada malo... solo busco a una joven, o quizás una mujer como usted... no lo sé, ella trabajaba en su taller, durante la guerra... se llamaba Libertad... 
 La Filo detiene las vueltas de la llave en el cerrojo, cierra los ojos intentando que el escalofrío que siente por dentro no se refleje por fuera. Levanta la vista para tropezarse con esos ojos negros que la miran fijamente, de ese rostro joven curtido por la intemperie y las penalidades. 
 El desconocido saca de su bolsillo el trozo ajado de papel para mostrárselo, mientras le murmura pegado a su oído: - Libertad puso esta nota en el bolsillo de mi chaqueta... ella me ha mantenido vivo todos estos años.  
 Es entonces cuando la coraza de La Filo se desarma y necesita sujetarse en el brazo del muchacho al darle como un vahído. Sus ojos reconocen esa letra bien trazada y en cursiva. Cómo olvidar a Libertad, la hija de aquel maestro fusilado... así que le mira esta vez a la cara. Y los dos tienen la extraña sensación de reconocerse. 
     
 Suenan dos golpes en la puerta y al momento abre una niña. La Filo le pregunta si se encuentra Isabel. La niña asiente y echa a correr pasillo adentro, dejando la puerta entreabierta. Es una casa vieja pero limpia, de piso empedrado y paredes encaladas. El pasillo es largo y cruza toda la casa hasta alcanzar la puerta trasera. 
 A Manuel le ha dicho Filo que Libertad tuvo que cambiarse de nombre y ahora se llama Isabel. Tambien que su familia ha llorado varios muertos y  a duras penas ha podido sobrevivir a la desgracia, la miseria y el miedo. Que Isabel apenas sale de casa y se dedica a bordar ajuares para las hijas de los nuevos ricos. Y la Filo no ha dicho nada más. Si es joven o si es vieja. Si es fea o si es guapa. Si es soltera o esta casada. 
 A Manuel no le quedan fuerzas para preguntar. Se deja llevar por la Filo, que  le conduce por el pasillo hasta alcanzar unas escaleras, suben por ellas hasta alcanzar el primer piso, de allí se dirigen hacia la última habitación, la que da al terrado. Es la única habitación que tiene una puerta enorme que casi siempre esta abierta, para que entre la luz del dia y la fragancia de las flores que la vieja abuela cuida con mimo. Isabel se pasa los dias allí, en compañia de su maquina de coser y el bastidor. 
De pronto Isabel oye una voz que la llama por su nombre: Libertad. No puede creerlo. Será una alucinación, hace siglos que no escucha esa voz tan conocida en otros tiempos, hace siglos que nadie la llama Libertad. Que nadie pronuncia esta hermosa palabra. Ni tampoco República. Si no es en sueños, o en susurros. 
Por eso no hace caso y cierra las puertas al recuerdo, intenta centrarse con la vainica que está bordando en una manteleria para la hija de un rico comerciante de naranjas.  

"... e intenta centrarse con la vainica que...."
- Libertad... - oye por segunda vez, ahora más cerca. Esta vez sí detiene sus dedos. No esta soñando. Ni es un susurro. La voz se alza clara, y va a su encuentro. 

Manuel descubre la figura femenina perfilada en el fondo de la habitación, rodeada de una especie de aura de luz, que entra a través de las puertas abiertas. Tiene el pelo oscuro, largo, recogido en una trenza y viste de negro. Su rostro joven expresa la madurez que conlleva el sufrimiento.  
Libertad levanta la cabeza y la dirige hacia la voz que le recuerda que una vez, en otra vida, ella se llamaba de esa manera. Los ojos de la joven se abren con gozo al reconocer a la mujer, luego se deslizan hacia el muchacho, con curiosidad y sin recelo. 
 Manuel aprieta fuertemente el trozo de papel que lleva en su bolsillo, lo saca y lo extiende hacia la joven, mientras se dice que, a veces, la vida se distrae y nos concede el mejor de los regalos.... y que finalmente,  él ha llegado a su destino. 

 (Me gusta escuchar historias que la gente guarda en su memoria. Un dia, casualmente, una muchacha me dijo que habia escuchado contar a su abuela que en Castellon habia un taller de ropa militar, y que las modistas para alegrar a los soldados del frente, les enviaban escondidas en los bolsillos, notas picantes. Uno de aquellos soldados regresó del frente y fue en busca de la muchacha que le habia escrito aquella nota. Y se caso con ella. No recordaba más y la abuela ya había muerto. Es cierto que son pocos datos pero para mi han sido suficientes para, con algo de creatividad y corazón, escribir este relato. 

Quizás sucedió así, o tal vez de una manera algo diferente, pero qué queréis que os diga, mi corazón me ha llevado hasta esta historia... ¿Qué os dice a vosotr@s el corazón?)

No hay comentarios:

Publicar un comentario